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Graciliano Afonso (La Orotava, Tenerife, 1775 - Las Palmas de Gran Canaria, 1861)

ESCRITOR
Graciliano Afonso Naranjo    Sus primeros años transcurren en La Orotava, donde tiene sus primeros contactos con la lengua latina y, seguramente, asiste a la intensa vida teatral en el entorno de la familia Cólogan (que recordará en una breve semblanza de Bernardo Cólogan) que le sirve de modelo para su dedicación, aunque menor, al teatro. Se traslada a La Palmas de Gran Canaria para estudiar en el Seminario Conciliar, tonsurado el 21 de septiembre de 1793, y allí desempeña de forma interina la cátedra de Filosofía en 1795. En 1797 marcha a Alcalá de Henares para estudiar jurisprudencia. Dos años después tomó posesión en Las Palmas de Gran Canaria de las cátedras de Lógica, Metafísica y Física. Continúa su labor docente en el Seminario durante la primera mitad del decenio 1980 para en 1806 responsabilizarse de la cátedra de Filosofía y en 1807 licenciarse en Derecho por la Universidad de Osuna. Tras su nombramiento como Doctoral de la Catedral de Canarias en 1808  comienza su etapa pública. Acusaciones de apoyar políticamente las revueltas de Teror (Gran Canaria) o a la Junta Suprema de La Laguna (Tenerife) son los primeros episodios de su, a partir de ahora, particular cruzada contra un clero reaccionario y unos políticos opuestos a los ideales de la Revolución Francesa. Frente a ellos, la visión de Afonso resultará ciertamente revolucionaria para su momento y para el mundo clerical en el que se mueve: la religión como un elemento de cohesión social y moral (con otras entidades consagradas como la cultura, la educación, las leyes, etc.) en el proyecto cívico de la Nación y la acción política como agenda progresiva de libertades y derechos ciudadanos hacia el mejor gobierno. Todo ello significó una confrontación con la política entendida como mera maquinaria burocrática y paliativa (la imagen idílica en el Antiguo Régimen) y de unas prácticas religiosas oscurantistas, represivas y cómplices de esa maquinaria. Esta visión debe mucho a sus lecturas, al ambiente abierto del Seminario Conciliar y a su contacto cotidiano, directo y hostil con estas fuerzas regresivas. No es de extrañar la trayectoria posterior de Afonso: su apoyo a la Constitución de 1812, su “Edicto Pastoral” a favor de los derechos constitucionales en 1820 y su nombramiento en 1821 como Diputado por la provincia de Las Palmas. También explica sus continuas gestiones contra las división episcopal, la Universidad de La Laguna o los intereses políticos tinerfeños que creía en manos de la regresión y significaban, también, una merma en la influencia política y económica sobre las Islas.
    En 1823 es declarado “reo de lesa Majestad” (una segura pena de muerte) por firmar con otros diputados la incapacidad del rey Fernando VII, e inicia su largo exilio por tierras americanas, primero en Venezuela (Cumaná, Aricagüa) y, a partir de 1826-1827, en la Isla de Trinidad. Allí toma contacto con la joven experiencia de las repúblicas independientes (criollas en su origen y, paradoja histórica, antiespañolas) y, alejado del ajetreo público, se dedica a la traducción y a la creación poética (en una traducción de Anacreonte publicada en Puerto Rico en 1838 incluye El Beso de Abibina). Añade a la cultura clásica y francesa, en las que se movía con facilidad, la cultura inglesa (tan importante para entender algunas novedades en sus planteamientos intelectuales).
    En 1833 se declara una amnistía general pero hasta 1838 no regresa a su puesto, mantenido vacante durante su ausencia. A su llegada a Tenerife comienza la redacción de su Oda al Teide en la que, con plenitud, apreciamos que aquella mirada liberal del presente y el futuro se tiñe con una literatura que interroga el pasado para dialogar y explicar ese presente y provea de ideales ese futuro, como se observa en la Advertencia a El juicio de Dios o la reina Ico (1841).
    En estos decenios las imprentas insulares comienzan una actividad editorial y periodística continuada en la que jóvenes poetas e intelectuales (esos “alumnos del Parnaso”) van a recoger y difundir dicho mensaje. Afonso se convertirá en referencia ineludible de la Escuela Regionalista, impregnándola de esa mirada compleja en la que se mezclan en distinta medida los ambientes culturalistas clásicos, las apetencias ilustradas del hombre nuevo en la nueva comunidad política y del hombre natural, cierto mesianismo literario con misión histórica y una tensa relación entre singularidad insular y presencia castellana (el fenómeno del criollismo). Pero esta importante relación con las inquietudes contemporáneas que se refleja en tertulias en casa de su amigo Bartolomé Martínez Escobar, publicaciones y un círculo docente al que incita en la labor traductora y poética, se ve enturbiada por nuevos enfrentamientos con la clerecía reaccionaria, la división provincial, y la penuria económica que le obliga a permanecer en su cargo después de su jubilación. En alguna ocasión pedirá incluso volver a América para escapar de una hostilidad que le obliga a escribir incontables quejas.
    Muere en 1861 de un ataque cerebral. El Boletín Oficial Eclesiástico de las Diócesis de Canarias destacará su actitud valerosa ante la epidemia del cólera morbo del año 1851 y su exilio será considerado un traslado a América por “las vicisitudes políticas por las que pasó la nación española en el año 1823…”. En su testamento quedará reflejada esa confianza humanista pero, a su vez, política en la educación cuando lega parte de los ejemplares de su traducción, si se imprime, “a los jóvenes pobres que se dediquen al estudio”.

Significación y alcance de la obra de Graciliano Afonso
    En la trayectoria de Graciliano Afonso dos impulsos aparentemente antitéticos parecen coexistir: por un lado el pragmatismo liberal que alimenta su actitud, sea ante un problema de calado importante, sea un simple enfrentamiento pueblerino. Por otro, esa irrenunciable fe humanista (de fondo utópico) como aspiración estética, pero también ética (no podemos olvidar su vocación pedagógica y la controversia como método). De ahí que para intentar describir esas dos líneas sea lugar común hablar de Afonso como “prerromántico” e “ilustrado”. Mientras con el primer calificativo se alude a la recuperación que hace del pasado isleño en la antesala de la Escuela Regionalista, el segundo describe su vida pública como educador, como religioso, como político y como filántropo; sus declarados intereses a favor de una nación de ciudadanos (guiados por virtudes morales y jurídicas) e incluso su visión centralista de las islas Canarias.
    Esta riquísima base intelectual, que se apoyará en sucesivas lecturas y en experiencias límites como la del exilio, iluminará gran parte de su obra literaria. Sus odas de inspiraciones anacreónticas y continuadoras de Meléndez Valdés aluden tanto a la exaltación erótica de los cuerpos como a una propuesta sensualista del mundo. La geografía de las Islas es vista tanto en su materialidad real, en imágenes casi científicas, como paisajes de un designio trascendental (el mar, el Teide). Este dinamismo conceptual, dialéctico entre lo existente y lo sugerido, entre lo sensorial y lo afectivo encontrará en la conciencia histórica su mejor argamasa.
    Esta conciencia histórica se mueve entre el detalle erudito (siguiendo las grandes obras literarias del romanticismo historicista inglés o los estudios de Viera y Clavijo), la recreación libre de la poesía y la necesidad ética de reinterpretar un pasado que arroja su sombra sobre el presente. Incluso su poesía más circunstancial (como puede ser la de corte satírico) se construye a partir de esta contextualización de lo particular. A diferencia de otros poetas coetáneos o posteriores, la literatura de Afonso (incluso parte de sus traducciones) no es una dedicación secundaria al calor de las modas de los círculos juveniles y burgueses. Su obra literaria responde a una agenda filosóficamente cimentada entre los abstractos ideales ilustrados y su articulación novedosa con la historia recuperada de los pueblos, literariamente cimentada en la revalorización de la literatura clásica, no como repertorio sino como aspiración, en la reivindicación del papel de guía de la Humanidad pero también de profecía de la poesía (ese aire profético del poeta tan querido por Afonso), en la recuperación del paisaje como cartografía real y espiritual. En fin, agenda públicamente defendida en su compromiso político y cotidiano. Es una lástima que no podamos valorar la hondura, complejidad y matices de este gran intelectual (en el sentido más moderno del término) a falta de una edición de toda su obra.

Obras de Graciliano Afonso:
Oda al Teide; El juicio de Dios o la reina Ico, Santa Cruz de Tenerife, Idea, 2004; Las bragas de San Grifón: novela del abate Giambattista Casti traducida por el Doctoral de Canarias/Graciliano Afonso, edición, prólogo y notas de Antonio Becerra Bolaños, Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular, 2003. Pueden consultarse algunas de las ediciones decimonónicas de su obra en distintas bibliotecas insulares como la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife y en distintas antologías de la poesía canaria.
Bibliografía:
Antonio Becerra Bolaños, “La poesía americana de Graciliano Afonso”, Anuario de Estudios Atlánticos, nº 51, Madrid-Las Palmas: Patronato de la “Casa Colón”, 2005, págs. 45-60; Ilustración y prerromanticismos canarios: una revisión de la obra del Doctoral Graciliano Afonso (1775-1861), Eugenio Padorno y Germán Santana Henríquez (eds.), Las Palmas de Gran Canaria, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2003; Francisco Salas Salgado, “Reflexiones sobre la traducción del humanista canario Graciliano Afonso (La Orotava de Tenerife 1775-Las Palmas de Gran Canaria 1861)”, Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, nº 11, 2003, págs. 49-65; Francisco Salas Salgado, “Notas sobre la pervivencia clásica: el poema A D. Bartolomé Martínez de Escobar de Graciliano Afonso”, Anuario de Estudios Canarios, XLVI, La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 2002, págs 419-432; Francisco Salas Salgado, “La huella de Catulo en El beso de Abibina de Graciliano Afonso: a proposito de la Oda 11”, Fortunatae, nº 12, La Laguna, 2001, págs. 227-238; Francisco Salas Salgado, “Las noticias sobre P. Virgilio Marón de Graciliano Afonso”, Anuario de Estudios Atlánticos, nº 47, Madrid-Las Palmas: Patronato de la “Casa Colón”, 2001, págs. 87-114; Antonio de Béthencourt Massieu, “ D. Alfonso y su Graciliano Afonso”, Homenaje a Alfonso Armas Ayala, vol. I, 2000, págs. 49-56; Francisco Javier Castillo, “ Un apartado de la labor traductora de Graciliano Afonso: Enero y Mayo, Anuario de Estudios Atlánticos, nº 39, Madrid-Las Palmas: Patronato de la “Casa Colón”, 1993, págs. 65-78; Francisco Javier Castillo, “Un prerromántico canario traductor de Dryden”, Homenaje a José Pérez Vidal (ULL), La Laguna, 1993, págs. 265-284; Alfonso Armas Ayala, Graciliano Afonso: Prerromántico e Ilustrado, La Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular, 1993; Francisco Salas Salgado, “Acercamiento formal a un poema latino del XIX en Canarias: el In Promptu de Graciliano Afonso”, Fortunatae, nº 2, La Laguna, 1991, págs. 297-314; Francisco Salas Salgado, “Tragedia clásica y preceptiva romántica: a proposito de las Noticias históricas del drama griego de Graciliano Afonso”, Fortunatae, nº 1, La Laguna, 1991, págs. 209-219; Francisco Salas Salgado, “Sobre la traducción de la Envida de Graciliano Afonso, Revista de Filología (ULL), nº 8-9, La Laguna, 1989, págs. 319-338; Alfonso Armas Ayala, “Un diputado Canario de las Cortes de 1821 desterrado en América”, Anuario de Estudios Atlánticos, nº 3, Madrid-Las Palmas: Patronato de la “Casa Colón”, 1957, págs. 387-451.
2. AFONSO, Graciliano (La Orotava, Tenerife, 1775-Las Palmas de Gran Canaria, 1861)


Autores Tinerfeños del Norte de La Isla

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