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Futuro incierto para las pardelas chica y pichoneta



Las islas Canarias son un lugar estratégico para la conservación de los procelariformes en el Atlántico Nororiental. Este grupo de aves constituye uno de los más amenazados a nivel mundial, debido principalmente a que el hombre ha introducido depredadores (sobre todo ratas y gatos) en sus colonias, a la modificación o pérdida de hábitat de cría asociado al desarrollo litoral y a la competencia o mortalidad directa (capturas incidentales) en las pesquerías. Por todo ello, muchas especies tienen serios problemas de conservación y han sufrido declives alarmantes de sus poblaciones durante los últimos años.

Al menos siete especies de procelariformes crían regularmente en el archipiélago canario, concretamente el petrel de Bulwer, la pardela cenicienta, la pardela chica, la pardela pichoneta y los paíños pechialbo, europeo y de Madeira. Las poblaciones canarias de pardela cenicienta albergan el grueso de la población española de esta especie, por lo menos 30.000 parejas reproductoras (de unas 40.000 estimadas en el conjunto de España), mientras las otras especies sólo crían en dichas islas dentro del territorio nacional, a excepción del paíño europeo. Además, en el caso de la pardela pichoneta las colonias canarias representan el extremo sur de su área de distribución mundial. Para contribuir a la conservación de estas poblaciones tan singulares y sensibles de procelariformes, SEO/BirdLife ha declarado un total de once IBA marinas en las aguas de este archipiélago canario, complementando de ese modo la protección de las principales colonias de cría en tierra en distintas islas es islotes.

Vulnerables en tierra
Estas aves están plenamente adaptadas a la vida marina (plumaje impermeable, patas palmeadas, picos ganchudos, glándulas de la sal muy desarrolladas, etc.), y los jóvenes, por ejemplo, son capaces de vivir años en el mar sin volver a tierra. Sus cuerpos están diseñados para volar sin esfuerzo aprovechando los vientos marinos, lo que les permite realizar largos desplazamientos en busca de alimento, a menudo a varios cientos de kilómetros de sus colonias de cría. Estas especializaciones también les han convertido en animales extremadamente torpes y vulnerables cuando visitan tierra firme para nidificar. Por ello en la mayoría de los casos sólo visitan las colonias de noche, y además nidifican en agujeros o madrigueras excavados por ellos mismos, generalmente situados en acantilados, roques marinos o islas remotas, donde no hay predadores terrestres. Esto provoca que muchas colonias hayan pasado desapercibidas, y para otras tan sólo existan estimaciones groseras de sus tamaños poblacionales.

Pollos atraídos por las luces
Dentro del conjunto de amenazas que sufren, anualmente en Canarias miles de pollos de estas especies son atraídos a las luces artificiales de pueblos y ciudades durante sus primeros vuelos desde los nidos al mar. Varias hipótesis se han planteado para explicar esta atracción, pero ninguna se ha comprobado fehacientemente. La más plausible es que se produzca una pérdida de referencias visuales, en un viaje que los jóvenes tienen que realizar sin ayuda de los adultos.

Pardela pichoneta juvenil - Foto: Beneharo Rodríguez
Gracias a las campañas de recogida y recuperación de aves desorientadas, desarrolladas por los cabildos insulares en colaboración con diversas ONG –entre ellas SEO/BirdLife– y colectivos sociales, la mayoría de estos pollos son devueltos al mar en aparente buen estado físico cada año. Generalmente, estas entidades realizan a su vez programas específicos de educación ambiental para concienciar al público general de la necesidad de la recogida y liberación de estas aves. Por lo tanto, suelen existir registros detallados del número de pollos afectados cada año, así como de las zonas de deslumbramiento. El equipo del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de la Tahonilla (Cabildo de Tenerife) y la Asociación Tinerfeña de la Naturaleza (Atina) recogen y proporcionan datos muy interesantes.

Es por ello que, en ausencia de programas específicos de seguimiento de las poblaciones, el número de pollos afectados por las luces cada año puede ser utilizado para inferir las tendencias poblacionales. Evidentemente hay muchos factores que influyen en el número de pollos recogidos, como por ejemplo el éxito reproductor, la cantidad de luces artificiales o el número de personas concienciadas susceptibles de recoger animales.

Sin embargo, en un escenario donde la población humana y la contaminación lumínica crecen, es de esperar que el número de pollos recuperado tienda a aumentar o por lo menos se mantenga estable a lo largo de los años. De lo contrario cabe pensar en declives poblacionales. En la isla de Tenerife, donde se tiene un registro fiable del periodo 1990-2011, gracias al Centro de Recuperación de la Tahonilla, se han podido evaluar las tendencias del petrel de Bulwer, la pardela cenicienta y la pardela chica, utilizando el número pollos de recogidos cada año deslumbrados por las luces. Las tres especies presentan tendencias diferentes.

Así, mientras el número de pollos de petrel de Bulwer ha permanecido relativamente estable, los de pardela cenicienta han aumentado y los de pardela chica han disminuido drásticamente.

Al analizar estos datos, hay que tener en cuenta que la pardela cenicienta es la especie más frecuente de las tres, criando en todas las islas en acantilados, laderas, barrancos, malpaíses y, a menudo, tierra adentro. Las otras dos especies, el petrel de Bulwer y la pardela chica, crían en roques y acantilados costeros, y de forma mucho más dispersa. El tamaño de sus poblaciones no se conoce con precisión pero unas estimas groseras para Tenerife podrían ser de 2.000-3.000 parejas para la pardela cenicienta, 400 para el petrel y unas 70 para la pardela chica.

Situación límite
A falta de estudios de campo precisos, los datos del número de pollos atraídos a las luces parecen indicar un declive severo de la pardela chica, al menos en la isla de Tenerife. Las pocas observaciones hechas en las colonias de cría en los últimos años también parecen sugerir lo mismo. Así, en el marco del proyecto Life+Indemares, dirigido por la Fundación Biodiversidad y desarrollado en parte por SEO/BirdLife, se visitaron dos colonias de cría en 2010 con la intención de equipar unos cinco ejemplares adultos con dispositivos de seguimiento por satélite. Pero, ni en la colonia del norte de Tenerife, en la que a principios de los noventa se conocían unas pocas huras accesibles, ni en la del islote de Montaña Clara en el archipiélago Chinijo (islotes al norte de Lanzarote), donde se ha mencionado una colonia importante, se consiguió capturar ningún ave en el marco del citado proyecto. Todo ello hace pensar que al menos los nidos más accesibles han desaparecido en los últimos años. En este sentido la colonia de Tenerife es frecuentada por ratas y gatos, a diferencia de la de Montaña Clara, donde no se conoce la presencia de estos mamíferos introducidos.

A todo esto hay que sumar la preocupante y similar situación que muestran otras especies como la pardela pichoneta. Esta especie nidifica en huras excavadas en escarpes inaccesibles de barrancos interiores cubiertos por laurisilva. De acuerdo a los pocos estudios realizados recientemente, la especie parece estar a punto de desaparecer. En el caso de Tenerife, sólo se conoce con certeza una colonia situada en un barranco del noroeste de la isla, descubierta en el año 1989 y que parece estar abandonada en la actualidad. Existen evidencias (escuchas, huras abandonadas, comentarios de lugareños y recogida de pollos) de que la especie se distribuyó por gran parte de la fachada norte de la isla. Sin embargo, las visitas recientes a algunas colonias utilizadas en el pasado, tanto en Tenerife como en otras islas, han confirmado la desaparición de la mayoría de ellas. Todos estos datos evidencian que la población actual debe ser muy pequeña. Las causas de estos declives, al igual que otras especies del grupo, deben estar relacionados principalmente con la depredación por mamíferos introducidos (ratas y gatos), la destrucción o modificación del hábitat (incluyendo las luces artificiales y las colisiones con tendidos eléctricos), así como otros factores relacionados con la supervivencia en el mar.

De la información a los hechos
A pesar de la precariedad de la información actual, parece claro que el riesgo de extinción de estas especies, tan delicadas y desconocidas, es alto a corto plazo. Aplicando el principio de precaución, se requieren varias acciones de conservación y seguimiento básicas, a la par del desarrollo de otras medidas de gestión directas.

Para mejorar la información aportada por el seguimiento del número de pollos atraídos por las luces, es necesario realizar anillamientos masivos de los pollos, así como estimar el éxito reproductor en colonias que permitan establecer con detalle el porcentaje de pollos atraídos cada año a las luces. También se deben potenciar las campañas de sensibilización entre la población local.

Tanto en el caso de la pardela chica como en el de la pardela pichoneta, se antoja imprescindible diseñar, publicar y ejecutar inmediatamente sus correspondientes planes de conservación en Canarias. Estos deberían basarse en tres puntos básicos: realización de estudios detallados sobre la distribución, tamaño de la población y parámetros reproductores; control de ratas y gatos en las colonias de cría, y refuerzo de las campañas de recogida de pollos atraídos a las luces artificiales. Asimismo, se debe estudiar sus patrones de distribución en el mar y las posibles amenazas que les afectan en este medio.


Créditos: 
Beneharo Rodríguez, delegación de Canarias deSEO/BirdLife 
Airam Rodríguez, departamento de Ecología Evolutiva, Estación Biológica de Doñana (CSIC)
 
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