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Valle de Ucanca

De entre todos los lugares que son considerados mágicos dentro de la geografía insular del Archipiélago Canario, el Llano de Ucanca, en la Isla de Tenerife, destaca por su enigmática belleza que lo convierte en un paraje único e inolvidable dentro del Parque Nacional de Las Cañadas del Teide. Pero, ¿es solamente un paisaje hermoso o esconde tras de sí un mundo oculto por descubrir?
El Llano de Ucanca es un entorno rico en valores dignos de tener en consideración, como por ejemplo su flora autóctona, fauna y la riqueza geológica que abarca desde los extraordinarios roques monolíticos, a toda clase de lavas volcánicas, estratos, sedimentos y terrenos alterados cromáticamente por acción hidrotermal, a lo largo de la vida geológica de la isla.

Atardecer en los llanos de Ucanca © Juan R. Rguez. Sosa
Pero los aspectos naturales no son las únicas características que hacen tan atractivo este mágico enclave. Y es que desde siempre Ucanca ha ejercido una fascinación especial en las personas, que han visto en aquel paraje aspectos propicios para el desarrollo espiritual, matices sagrados, cercanía con las divinidades, o en términos empleados por el chamán y escritor Carlos Castaneda, “un lugar de poder”. No olvidemos que la gran llanura rodeada de rocas oscuras, grandes plantones de retamas y el color casi beige del suelo puede propiciar la meditación trascendental, tanto si se busca conscientemente como si no, a modo de un natural y espontáneo jardín zen, matizado con la visión del imponente Teide y situado por encima de las nubes.

Y es que como ya se ha comentado, aparte de los tesoros naturales y paisajísticos, Ucanca encierra unas particularidades especiales que lo hacen diferente a otros sitios. Su elevada altura sobre el nivel del mar –1.980 metros–, sus tremendos contrastes climatológicos que pueden pasar de un calor intenso a un frío extremo en cuestión de horas, las lluvias casi inexistentes durante los meses de mayo a julio –siendo el resto del año copioso en aguas–, va unido a su silencio especial tan característico, que hasta incluso hace sospechar si acaso fuera “artificial”, promovido quizá desde el propio lugar mágico. Un enclave diferente Muchas son las personas que han acudido a este elevado y solitario desierto al objeto de trabajar sus percepciones extrasensoriales, experimentar estados alterados de conciencia, encuentros con supuestos seres de otras dimensiones y las energías de la naturaleza; o tal vez un trascendente reencuentro con su propia divinidad. De esta manera, podemos enumerar que las experiencias vividas por los que han visitado este enclave mágico, tanto de día como de noche, suelen hablar de luces diversas, ¿ovnis?..., energías del lugar a modo de chispazos de luz, percepciones anómalas, formas etéreas de rasgos humanoides, saltos espacio-temporales, extraños sonidos, inducción prácticamente irresistible al sueño, cambios de temperatura injustificados, disminución de dolores físicos, elevación de la tasa vibratoria, y otras experiencias anómalas. Parece coherente pensar que el lugar otorga a cada cual una experiencia específica.

Los Llanos de Ucanca © Juan R. Rguez. Sosa
No sólo pequeños grupos comparten su tiempo con el entorno privilegiado de Ucanca, sino que hasta incluso en varias ocasiones han acontecido multitudinarias convocatorias promocionadas por célebres programas de radio, para asistir a Las Cañadas y el Llano de Ucanca por diversos motivos, tales como “alertas OVNI”, etc., llegándose a reunir cerca de cuarenta mil personas como las que acudieron a la llamada que Miguel Blanco hizo a través de su conocido programa “Espacio en Blanco”, el 24 de Junio de 1989, en coordinación con emisoras de todo el planeta. Tal fue el poder de atracción del mágico lugar.

Evidentemente muchos de los fenómenos expuestos anteriormente pertenecen a la órbita de las experiencias personales, con un cariz marcadamente sutil que hace que éstas pasen casi inadvertidas para el que las está percibiendo, o hasta incluso parezcan normales y a posteriori se descubra que los sucesos vividos, un tanto anómalos, tienen matices extraños. Como suele ser habitual, la obtención de pruebas contundentes de este tipo de hechos es casi “un imposible”, lo que deriva en que también muchas personas no experimenten absolutamente nada; que apenas se percaten de la energía del lugar y que todo les parezca cotidiano, pues no admiten la existencia de nada que esté más allá de lo puramente físico.

En cierta ocasión, un grupo de cuatro investigadores se hallaban disfrutando de un espléndido día en Ucanca y a tres de ellos les dio la sensación de que percibían “trazadas de objetos oscuros en el cielo”, como si fueran proyectiles muy veloces, y siempre por visión periférica. Cada uno de ellos pensó que se trataban de errores triviales en la visión sin mayor importancia, hasta que comentándolo, descubrieron una sincronicidad muy notable. Si esto no se hubiera comentado, nadie se habría percatado de enigmático fenómeno.

Dada la altura a la que se encuentra Ucanca, resulta fácil caer en la idea de que el oxígeno enrarecido puede ser el promotor de sensaciones y hasta visiones poco usuales en el testigo, explicando de algún modo la atracción mística del lugar. Pero claro, también debemos tener en cuenta la opinión expuesta por los médicos que afirman que “si hubiera influencias debidas a la falta de O2, éstas deberían ir acompañadas de otros síntomas como mareos, vómitos, dolores de cabezas…”. Y es que, pese a ser un paraje natural bastante alto respecto al nivel del mar, no es lo suficiente para que se produzca el “mal de altura”.

Volcán Pico Viejo © Juan R. Rguez. Sosa
Sea como fuere la naturaleza del lugar y las experiencias que proporciona, el hecho es que existen testimonios de grupos de excursionistas experimentados en la orientación en naturaleza, que de una manera casi absurda han llegado a perderse en el centro de la llanura durante la noche y no dar con sus enseres, viéndose obligados a salir a la cercana carretera para así poder continuar con su periplo. También la aparición de pequeños ovnis, e incluso bolas luminosas recorriendo las agrestes montañas y cruzando los cielos del parque han sido avistadas con frecuencia, hasta por distintos grupos de investigadores situados en sitios opuestos y de manera simultánea. Humanoides en el valle Otra de las características del desértico lugar suele ser la percepción en la noche de supuestos humanoides, siendo observados algunas veces por pocas personas y en otros casos mostrándose de manera más general. En cierta ocasión se llegaron a ver varios de ellos acompañando a un testigo real y suplantando a otras que en ese momento se hallaban durmiendo a cielo abierto. Obviamente, desaparecieron sin dejar rastro. Es interesante atender a las leyendas de los primigenios habitantes de las islas, los guanches, que aseguraban que en este mar de lava habitaban los espíritus de los condenados, que de vez en cuando se hacían presentes asustando –e incluso atacando– a los nativos incautos que caminaban por la zona… En las cercanías de los Roques de García, en mitad del tupido silencio nocturno, se puede llegar a percibir una especie de ronroneo procedente del interior de la isla, que nos hace pensar en la idea absurda de que existen grandes “grupos electrógenos” muy profundos, a modo de “sala de máquinas”. Bien pudiera ser un sonido absolutamente natural, pero en ese silencio tan intenso se pueden llegar a sentir. Lo que sí resulta muy destacable es la extraordinaria “bóveda celeste” que allí se puede contemplar, siendo todo un regalo para los aficionados a la astronomía, siempre y cuando las condiciones del cielo sean favorables.

De alguna manera Ucanca marca a las personas que lo visitan, confirmando su carácter especial la cantidad de gente que acude al año a visitar “algo más que un hermoso lugar”. Desde siempre muchos hombres y mujeres han buscado lugares sagrados o simplemente especiales en los que se encuentren reconfortados, y parece ser que así continuará por mucho tiempo, en tanto seamos rigurosos en el respeto al medio ambiente. De manera discreta, grandes personalidades del mundo del ocultismo, esoterismo y de la religión también han acudido a visitar esta zona. ¿Por algo será…? Cada cual debe buscar sus propias respuestas y experiencias personales, sin descartar que el propio hecho de ascender por el largo camino de montaña hasta Ucanca, es de una belleza extraordinaria y sirve como un agradable peregrinar, a lo largo de un horizonte de islas flotando sobre un “mar de nubes”, que sin duda invitan a la reflexión y disfrute de las maravillas del mundo que aún nos quedan por conocer y conservar y que, de manera ineludible nos conduce hasta la morada del dios del infierno guanche, el temido Guayota, es decir, el propio padre Teide que nos vigila desde las alturas.
 
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