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Hautacuperche, guerrero gomero

La escultura de Hautacuperche representa al héroe gomero, cabecilla de la “Rebelión de los gomeros”. En ella aparecen todos los atributos representativos de los acontecimientos protagonizados por Hautacuperche. Este héroe de los aborígenes gomeros, que cumplió con su misión ejecutando a Hernán Peraza, se representa como una figura poderosa y altiva, de cuatro metros de alto. Su rostro expresa un carácter noble y decidido, no ajeno a cierta melancolía. Lleva el pelo largo como era habitual en los nobles de la época y una barba corta. Su anatomía es fuerte y esbelta. La figura lleva en su mano derecha el “asta con hierro de dos palmos” con la que, según la tradición, atravesó a Hernán Peraza. En su mano izquierda sostiene el “gánigo quebrado de Guahedum”, símbolo de la rotura e incumplimiento por parte del Conde de La Gomera del Pacto de Colactación o Pacto de Hermanamiento. En el costado izquierdo asoma la corta flecha de ballesta con que fue muerto Hautacuperche. En su cuello lleva un collar con los adornos propios de los aborígenes.
La figura se ha diseñado con sencillez y rotundidad para que la silueta se vea clara y esbelta a la distancia a la que se va a observar. Está realizada en bronce, repasado y patinado, y el interior de la pieza, fundida en bronce estatuario de alta calidad, se ha reforzado y estructurado con dos barras de acero inoxidable 316, especial para el contacto con el mar y los ambientes de humedad marítima. Además se ha macizado su interior con resina epóxica y cemento especial desde el pecho hasta los pies.

Todo ello aporta una seguridad total a la estabilidad de la escultura. Luis Arencibia, el autor de la obra, es un escultor canario que tiene obra en numerosas instituciones y espacios públicos. Entre sus trabajos se encuentran la estatua de Neptuno en Melenara (Gran Canaria) y el Retablo Mayor de la iglesia de San Agustín en Las Palmas. La estatua de Hautacuperche se encuadra, como la mayoría de la producción de Luis Arencibia, dentro de una figuración realista con tendencia al expresionismo, si bien esta escultura en concreto posee mayores rasgos naturalistas
Hautacuperche, guerrero guanche

En 1488, tuvo lugar la llamada “Rebelión de los gomeros”. Hernán Peraza el Joven, Conde de La Gomera, había firmado con los líderes isleños un pacto de colactación, que significaba un hermanamiento con los habitantes de la isla y que éstos respetaron inequívocamente. Pero la tiranía de Peraza y su incumplimiento de lo pactado, llevó a Hautacuperche, Hupalupo y otros líderes a intentar liberarse del usurpador. 
En la Baja del Secreto, cerca de donde hoy se levanta este monumento, se reunieron los conjurados. Allí se acordó ejecutar a Hernán Peraza en la cueva de Guahedun, donde se reunía con Iballa, a la que hizo su amante cuando debería haberla tratado como a una hermana. 
Hautacuperche, en efecto, ejecutó a Peraza y capitaneó el posterior asalto a la Torre del Conde, en el actual San Sebastián de La Gomera, donde se había refugiado la viuda del conde, Beatriz de Bobadilla. 
En este combate fue muerto Hautacuperche, luchando por la libertad de su pueblo. La venganza de Beatriz de Bobadilla es uno de los hechos más crueles y sangrientos de la historia de La Gomera y de toda Canarias.

Hautacuperche y la rebelión de los gomeros
Ignacio Suárez-Zuloaga

Al morir su padre en 1485, Hernán Peraza el Joven heredó el mayorazgo del señorío feudal sobre las islas de La Gomera y El Hierro. Hernán era hijo del caballero Diego Herrera y de Inés Peraza de las Casas. Haciendo uso de la costumbre denominada “realce de parentesco” el joven decidió cambiar el apellido de su padre por el de su abuelo materno: Hernán Peraza el Viejo, debido al prestigio que conllevaba el que éste hubiera recibido en 1390 del rey Enrique III de Castilla el derecho de conquista de las islas.

Durante la conquista, su abuelo Peraza el Viejo había dominado a los bandos gomeros de Orone y Agana. Pero no derrotó a los de Mulagúa e Ipalán por lo que con estos últimos formalizó un “pacto de colactación”. Éste acuerdo se concibió como un “hermanamiento” por el que los Peraza se comprometían a respetar la estructura social y costumbres de esos bandos; entre estas últimas estaban prohibidas las relaciones sexuales con los españoles. Hernán el Joven, al convertirse en Señor, entendió que se trataba de una relación de vasallaje, no de igualdad. Por ello procedió como era costumbre entre los caballeros de la época; entre otros hábitos, manteniendo relaciones sexuales consentidas con Iballa, hija de Hupalupa, jefe de uno de los clanes gomeros. En noviembre de 1488 los clanes Mulagúa e Hipalán decidieron deshacerse de los castellanos por incumplir el “hermanamiento”. Aprovechando un encuentro entre los amantes, el día 21 de noviembre el guerrero Hautacuperche mató a Peraza. A continuación Hautacuperche dirigió el ataque de los dos clanes gomeros contra los castellanos.

Hernán Peraza “el joven” estaba casado con Beatriz de Bobadilla y Ossorio (de igual nombre que su tía carnal, la confidente de la reina Isabel la Católica), apodada “La Cazadora” porque su padre llevó el título de “cazador de los reyes de Castilla”. Se trataba de una mujer hermosa e indómita, que había coqueteado con el mismísimo rey Fernando por lo que la reina Isabel la había casado con Peraza. Al ver que se le sublevaban los gomeros, Beatriz se encerró en la Torre del Conde con los españoles que pudieron escapar de los gomeros. En uno de los intentos de asalto el caudillo Hautacuperche muere, produciéndose un desánimo entre los asaltantes, que acaban por renunciar al asedio. Unos pocos castellanos se hicieron a la mar, viajando hasta la isla de Gran Canaria. El Gobernador Pedro de Vera acudió al rescate de los asediados, refugiándose los gomeros en los montes. Como resultaba casi imposible alcanzar a los rebeldes en una orografía tan abrupta, que tan bien conocían los aborígenes, y como De Vera y sus tropas no se podían volver a Gran Canaria dejando tantos enemigos sueltos, pensaron una argucia para capturarlos.

La Señora de la isla (Beatriz de Bobadilla “la cazadora”) publicó un bando según el cual todos los rebeldes que asistieran a la ceremonia del funeral por Hernán de Peraza y se arrepintieran serían perdonados. Muchos de ellos confiaron y se entregaron, fueron entrando para confesarse en la iglesia de San Sebastián de la Gomera, siendo allí encerrados. Beatriz de Bobadilla condenó a muerte a todos los varones de más de quince años de los bandos de Orone y Mulagua. Pedro de Vera hizo una campaña por la que capturó a muchos de los fugitivos que no se habían entregado. La sentencia no se cumplió en todos los casos, pero fueron muchísimos los ejecutados y, para evitar que se rehicieran con el tiempo los bandos rebeldes, Beatriz ordenó que los supervivientes fueran embarcados y enviados como esclavos a la isla de Lanzarote, donde vivía su suegra, Inés de Peraza. Algunos de esos gomeros acabarían por volver a su isla años después.

Beatriz de Bobadilla permaneció como Señora gobernadora de La Gomera, abasteciendo a Cristobal Colón en sus viajes de 1492, 1493 y 1498. Se ha escrito que los pasajeros encuentros culminaron en amores. En 1498 se casó con el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, Adelantado de Canarias. Ese mismo año Pedro De Vera murió en su ciudad natal de Jerez de la Frontera. hautacuperche ha quedado en la historia de la Gomera como el defensor de la dignidad de los nativos frente a los abusos de sus Señores castellanos, de ahí que se le recuerde con un monumento y un festival.

Rebelión de los gomeros

La Rebelión de los Gomeros de 1488 es el acontecimiento más importante de toda la historia de La Gomera, no sólo por la enorme trascendencia que tuvo para sus habitantes, sino porque además ha conseguido sobrevivir hasta nuestros días en la memoria colectiva de los gomeros a través de la tradición oral.

El 21 de noviembre de 1488, a raíz de la ejecución en Aguahedun de Hernán Peraza, se produce en La Gomera una Rebelión que, por su trágico final, significará para los gomeros el fin definitivo de su condición de pueblo libre.

Antes de la llegada de los europeos a La Gomera, esta Isla se encontraba dividida en cuatro bandos (Ipalán, Mulagua, Orone y Agana). El período en el que los gomeros comienzan a tener los primeros contactos con los europeos (fundamentalmente portugueses y castellanos) se caracteriza, en primer lugar, por las sucesivas rapiñas para la captura de esclavos, y luego por los pactos de esos europeos con alguno de los cuatro bandos en que se encontraba dividida la Isla. De esos pactos el que más nos interesa es el Pacto de Colactación o Hermanamiento (bebiendo leche en el mismo ganigo) que selló Hernán Peraza "el viejo" con los bandos de Ipalán y Mulagua.

Más adelante, a la llegada a la Isla de Hernán Peraza "el joven", este ratificará el pacto de su abuelo, pero mientras Peraza quiso entender el pacto como un acto de vasallaje hacia él, los gomeros lo seguían entendiendo como un acto de hermanamiento y de ayuda entre ellos con una serie de leyes de obligado cumplimiento. Hernán Peraza "el joven" incumplió el pacto, no sólo cautivando esclavos y tratando mal a los gomeros, sino además manteniendo relaciones con Iballa, su hermana por medio del pacto. Estas relaciones estaban prohibidas en virtud del pacto suscrito, ya que las relaciones entre miembros del mismo bando no estaban permitidas para evitar la consanguinidad (uniones entre personas con lazos de parentesco).

Por todo ello, un consejo de gomeros con autoridad se reúne y decide condenar a muerte a Hernán Peraza. Hautacuperche es el encargado de llevar a cabo la ejecución en Aguahedum, donde Peraza visitaba a Iballa. Luego, los gomeros bajan a San Sebastián e intentan asaltar la Torre del Conde, pero poco después Hautacuperche muere en uno de los intentos, lo que desanima a los rebelados. Beatriz de Bobadilla y Ulloa, mujer de Peraza, consigue pedir ayuda al gobernador de Gran Canaria Pedro de Vera. Cuando éste llega consigue capturar a un gran número de gomeros a través de un engaño, prometiendo el perdón a todos los que asistiesen a un acto religioso por el difunto.

Luego serían ejecutados todos los varones de los bandos de Ipalán y Mulagua mayores de quince años, y sus mujeres e hijos vendidos como esclavos. Aunque más adelante un proceso judicial pondrá en libertad a la mayoría de esos gomeros, a partir de ese momento todo había cambiado para La Gomera.
 
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