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Un lugar en el fin del mundo (Isla de El Hierro).

La isla de El Hierro fue, durante siglos, el extremo occidental de la tierra conocida por los europeos. La Dehesa, en el oeste del pequeño territorio insular aún guarda ese ambiente de finisterre de antaño. 

Faro de Orchilla
El pequeño faro se apoya en el último escalón de piedra volcánica; justo antes de que la isla se desplome en vertical hacia el Océano Atlántico. Más allá la nada; bueno, la mar. Azul infinito por dónde se esconde el sol cada tarde. Las costas más cercanas son ya tierras americanas. Y ante la visión de la inmensidad, no es de extrañar que durante siglos este lugar fuera, para los hombres de la parte vieja del mundo, el último confín de la existencia. Principio y fin de todo.

Así lo entendió el geógrafo Ptolomeo en el siglo II de nuestra era. Por aquel entonces, las Islas Canarias eran un lugar remoto; las últimas tierras a occidente de la Europa clásica. Así que nadie discutió que por la Punta de Orchilla, en la isla de El Hierro, pasase el meridiano cero; esto es, el punto de referencia para determinar La longitud (el Ecuador hace lo propio con la Latitud). Después llegaron los ingleses y se llevaron la raya a Greenwich. Pero por mucho que digan, la campiña de los alrededores de Londres no tiene nada de fin del mundo. Para eso hay que venir hasta aquí. Eso no se o pudieron llevar. Eso permanece.

Tierra de pastores

La carretera HI-506 atraviesa de sur a norte un paisaje de fisionomía irreal. Las tierras volcánicas alternan con bosquecillos de matorrales y pastos ralos donde pacen algunas vacas. Esta es tierra de pastores. La Dehesa, desde tiempos anteriores a la llegada de los europeos, se reservó como espacio comunal destinado al pastoreo. No es de extrañar, pues, que desde siempre haya tenido un carácter especial: sagrado incluso. Tampoco es casualidad que los pastores del siglo XVI, que adquirieron por un par de quesos una imagen de la virgen a la tripulación de un barco en apuros, eligieran el lugar para erigir la casa de la que pronto se convirtió en patrona de la isla. La Ermita de Nuestra Señora de los Reyes (Acceso HI-506; Horario: M-D 9.30 – 17.30) guarda la pequeña imagen tardo gótica, una de las más hermosas de Canarias. Como casi todo en esta isla, el edificio, de estilo mudéjar, es pequeño y coqueto. Muros blancos que contrastan con las tierras oscuras de los alrededores, cubiertas de madera, tejas rojas. Muy cerca de la iglesia se encuentra la Piedra del Regidor, lugar donde los pastores dirimen aún sus disputas sobre el uso de pastos y la titularidad de los animales.

La Dehesa ocupa el extremo noroccidental del Parque Rural de La Frontera. Se sitúa justo en la zona de incidencias del mar de nubes (a unos 600 metros sobre el nivel del mar) y presenta una orografía suave de colinas onduladas que ascienden hacia el pinar, en sus cotas altas) y que desciende hacia los riscos que coronan la zona de la Punta de Sabinosa, cuando se va hacia el mar. La sabina canaria (Juniperus Turbinata) es uno de los símbolos naturales de la Isla de El Hierro y El Sabinar, un espacio natural de unas 30 hectáreas situado en el extremo norte de La Dehesa, se ha convertido en uno de los iconos herreños por antonomasia. La Sabina canaria es una subespecie endémica que desciende, como otras especies del Archipiélago, de parientes localizadas en las riberas mediterráneas. Su hábitat natural se localiza entre los 300 y los 650 metros de altitud sobre el nivel del mar, terrenos que, en canarias, se caracterizan por la escasa incidencia de precipitaciones y la alta insolación. Es un árbol de talla pequeña y aunque puede alcanzar los cinco metros, lo más normal es que ronde los tres. Presenta corteza de color grisáceo y un tronco corto y muy ancho que suele presentar grandes grietas o, incluso, huecos, en los ejemplares adultos. Presenta infinidad de ramas y sus hojas se parecen a las de los cipreses.

La naturaleza creó un paisaje insólito marcado por el sabinar, un bosque singular de árboles retorcidos por el viento.
La naturaleza, aquí, creó un paisaje de árboles atormentados por el viento que han adoptado formas caprichosas y fantásticas. Ante el dominio omnipresente del aire, las sabinas han optado por retorcer sus troncos con formas inverosímiles y acercar sus copas verdes al suelo. El resultado es un paisaje dramático que tiene una plástica especial. Antes de volver nuestros pasos conviene hacer una visita alMirador de Bascos. Situado en la pared occidental del valle de El Golfo, desde este balcón colgado sobre el Pozo de la Salud y el pueblo de Sabinosa se obtienen vistas panorámicas de todo el valle desde una perspectiva opuesta a los miradores de Jinama o La Peña.

Una buena opción cuando el sol se muere es Bajar hasta la Punta de Orchilla(Acceso HI-503) y observar la puesta de sol. Muy cerca del faro, construcción más occidental de Europa, hay un sencillo monumento que recuerda el paso del meridiano cero por estas tierras y un poco más allá, siguiendo la carretera, el pequeño embarcadero de servicio del faro donde es posible echarse un chapuzón.

Ver: Ruta Orchilla – El Hierro (de la mano de Carlos Antolín)
 
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