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La Gomera, un vergel en el Atlántico

  • San Sebastián de La Gomera. La acogedora capital insular propone un paseo por calles peatonales como la Real. En la plaza de las Américas se erige la Torre del Conde, vestigio del fuerte que en el siglo XV defendía el puerto donde atracaron las naves de Colón. La ruta que recuerda el paso del navegante se detiene en el pozo de la Aguada donde se aprovisionó de agua para su viaje; en la casa en la que se hospedó, hoy un museo de arte precolombino; y en la iglesia de la Asunción, donde se bendijo a los marineros antes de partir junto a él rumbo a lo desconocido.

Pequeña, tranquila y abrupta; así es La Gomera. Aunque sus montañas no sean muy altas, cuesta encontrar una superficie llana en una isla que no contó con aeropuerto hasta 1999. Coger uno de los tres barcos diarios desde Los Cristianos, en el sur de Tenerife, sigue siendo la forma tradicional de llegar a San Sebastián de La Gomera. La capital de la isla, conocida popularmente como La Villa, ha crecido en las últimas décadas. En ella es recomendable pasear desde el puerto hasta la zona alta para apreciar los cambios de la arquitectura vernácula, antes de adentrarse en un entorno cada vez más bucólico.

  • La huella volcánica bordeando Garajonay se alza un grupo de pitones de origen volcánico formados por lava. Uno de los más emblemáticos es el de Agando que emerge en el barranco de Benchijigua hasta los 1.251 m. de altitud. Se puede contemplar desde el mirador de Los Roques, a pie de carretera. Foto: ACI

Quien acude a La Gomera suele encaminarse hacia el interior, donde mejor se manifiesta la singularidad de la isla. En cuanto emprendo la ruta hacia el Parque Natural de Garajonay me sumerjo en otro mundo. La carretera avanza por el barranco de La Laja y pasa por el Monumento Natural de Los Roques. Entre estas formaciones basálticas, antiguas chimeneas volcánicas realzadas por la erosión, destaca el Roque de Agando, un imponente pitón de lava cuya cima se pierde en el mar de nubes de la mañana. Cerca se encuentra el mirador El Bailadero, uno de los 27 existentes en la isla, que ofrece unas panorámicas espectaculares de la cara norte del lugar.

Tras una hora andando entre brumas alcanzo la cima de Garajonay (1.487 metros). Las nubes quedan ahora bajo mis pies, formando un esponjoso manto que brilla bajo la luz del sol y se extiende hasta el mar. Cuando a media mañana despeja el día, se disfruta de una vista espléndida de todos los barrancos que parten de Garajonay como los radios de una bicicleta. Hacia levante se alza majestuoso el Teide, por si hubiese dudas de que las mejores vistas del pico más alto de Españalas tienen los gomeros.

  • Parque Nacional de Garajonay. Una amplia red de senderos penetra en el frondoso y húmedo bosque de laurisilva que cubre el centro de La Gomera. Foto:fototeca

Brezos, tilos, madroños, helechos, musgos y líquenes se agolpan hacia el cielo luchando por hallar la luz solar. En conjunto forman la laurisilva, un bosque perenne que actualmente solo se encuentra en la Macaronesia. Paseando entre sus árboles y riachuelos parece que me adentro en una leyenda, donde detrás de cada rama puede esconderse una criatura mágica.

Web oficial de: Turismo La Gomera

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