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Los nombres de las islas por María Rosa Alonso

(Tacoronte, 28 de diciembre de 1909 - Puerto de la Cruz, Tenerife, 27 de mayo de 2011)


Desde los tiempos de Viera y Clavijo, los canarios aprendimos a saber quién era el rey Juba y la expedición que ordenó hacer a las Islas Afortunadas. Según el texto recogido por el naturalista Plinio, en su Historia Natural, VI, ya consta su número, nombre y particularidades de algunas. Álvarez Delgado en su estudio sobre Las Islas Afortunadas en Plinio, en Revista de Historia, 1945, nos informa sobre Juba y el texto de Plinio, que traduce. En el hermoso libro de Antonio Cabrera Perera, Las Islas Canarias en el Mundo Clásico 1988, figura, entre otros, el texto de Plinio traducido, así que el lector puede consultarlo sin dificultad.

Está claro que la obra hecha por Juba, hombre de grandes conocimientos literarios y artísticos, inserto en la cultura romana, se perdió y que Plinio sólo nos da una referencia de la misma. Los hombres de las Islas, que el lector puede leer en el trabajo de Álvarez y en la obra de Cabrera Perera, son todos latinos o su traducción del griego, pues la isla llamada por Ptolomeo, que viven en el siglo II, Heras, lo traduce Plinio por Junonia. Heras o Hera, en griego, es la misma diosa que llaman los romanos Juno, como bien dice Cabrera Perera; así que estos nombres son, en todo caso, dados desde fuera por gente de cultura clásica, viajeros que copian mal los nombres y que se leen unos a otros y alguno cuenta, como Pomponio Mela, del siglo I, en su Chorographia, la gran maravilla disparatada que reproduce Cabrera Perera en la página 66 de su obra: "Hay una isla extraordinaria notable por dos fuentes dotadas de una propiedad singular: las aguas de una fuente dan a los que la beben una risa que acaba con la muerte y el único remedio para ello es beber el agua de la otra".

Estatua de Juba II. Educado en Roma tras la 
muerte de su padre, se convierte en un gran 
humanista. No ser educado en su reino hizo 
que fuese considerado un rey extranjero
Pero tal disparate posee una base real y es Torriani, el culto ingeniero italiano, quien nos da la pista; al referirse el autor de la Descripción de las Islas Canarias a las aguas de La Palma dice que hay en ella dos fuentes: una "tiene agua buena para beber y la otra la tiene verdosa, amarga y nociva, por cuya razón se cree que éstas son las que menciona Petrarca, cuando escribe, imitando a Solino". Efectivamente, Solino, autor del siglo IV, en su Colección de cosas memorables, comprendió de informaciones geográficas, procedentes de Plinio y Pomponio Mela, muy leído en la Edad Media, debió ser el vehículo que permitió a Petrarca (1304-1374) escribir poéticamente que en las islas de la Fortuna "el que bebe de una, muere riendo / el que de la otra, se salva" (Torriani, edición Cioranescu, p. 222): Abréu Galindo, que no es tan culto lector como el Torriani, pero que intenta averiguar lo más que puede sobre las Islas, nos informa que en la Palma, en la banda del sur, hay una fuente a la orilla del mar, a la que los naturales en su lengua llamaban Tagragito, o sea agua caliente y los cristianos, Fuencaliente, y otra fuente que los antiguos llamaban Tebexcorade, o agua buena (Abréu, III, cap. II). Y esta es la realidad de las fuentes y la base para las fantasías de Pomponio Mela, pero ya en el siglo II algún marinero dio cuenta al mundo mediterráneo culto de entonces de la existencia de tales fuentes palmeras.

Los nombres que nuestras Islas tenían, desde dentro, o sea en lengua indígena, sólo se conocen cuando viajeros relatores o historiadores incipientes se acercan a ellas, las visitan y las viven un tiempo; así que los autores de Le Canarien escriben que Lanzarote era llamado por los indígenas Tyterogata y que Fuerteventura se llamaba Erbania. En el texto B, cap. LXVIII, se dice: "que nosotros llamamos Erbania, como también la llaman los de Gran Canaria", así que debe ser Erbania nombre indígena, si bien no sé si es autóctono.

Abréu Galindo escribe que en sus investigaciones halló que para El Hierro el nombre indígena era Esero, que en su lengua significa fuerte.

La Palma es así denominada por Le Canarien . Torriani escribe que los antiguos llamaron a La Palma, Benahoare, es decir, "patria", y Abréu, que sabe muchas cosas de esta isla, escribe sobre su nombre indígena los mismo que Torriani.

La voz Tenerife es sabido que tiene dos elementos componentes, no idénticos en Espinosa y Abréu, aunque es presumible errores de lectura o de impresión: Tener: nieve; fe: monte. Tanto Espinosa como Torriani afirman que ese nombres de lo pusieron en su lengua los palmeros, sin duda sería al ver al Teide nevado en la lejanía. Lo mismo escribe Abréu (III, X) y parece que los tres autores se informaron en la misma fuente y los tres escriben que en lengua guanche, o sea autóctona de nuestra isla tinerfeña, la isla se llamaban Achinech, aunque Torriani escriba sin el artículo: chinechi. Abréu dice que Achinech la llaman los naturales, "en su propio lenguaje y común hablar" y que así "la nombran el día de hoy". Abréu, pues, oía hablar a los naturales todavía en un tiempo de bilingüismo, sin duda. Los guanches llaman Achineche a su isla a fines del siglo XVI, pero lo que prevaleció fue el nombre que le dieron los palmeros: Tenerife. Le Canarien escribe "Tenerefix", a comienzos del XV.

El nombre de Canaria se nos dice, desde Plinio, que procede de los perros que en ella había de los cuales dos se enviaron al rey Juba. Torriani y Abréu recogen este testimonio. Pero Torriani escribe que "entre los modernos no se halla recuerdo de que haya habido tales perros"; Abréu abunda en lo mismo al afirmar que si tanta cantidad de perros había, pues "se hubieran hallado aquellos grandes perros al tiempo de la conquista", y "no se halló perro" (Abréu, II, I).

Torriani y Abréu, como sabemos, escriben a finales del XVI, cuando no había tales perros, pero los cronistas de Le Canarien, que escriben a comienzos del XV, afirman que en "Gran Canaria", así denominada por ellos, hay "unos perros salvajes que parecen lobos, pero más pequeños".

El propio Abréu advierte que el nombre de Canaria pudiera ser indígena al escribir que en el Atlas hay unos pueblos que los naturales llaman canarios, pero los berberólogos tienen la palabra.

En cuanto a la Gomera, Abréu expresa que tal nombre se lo dieron los africanos cuando los poblaron.

Las Islas, pues, vistas y bautizadas desde fuera y de manera literaria en Plinio son: Ombrios, Junonia, Junonia minor, Capraria, Nivaria y Canaria, nombres latinos, cuyo intento de identificación real es un mero divertimento, excepto Nivaria y Canaria, que están bien patentes. Denominadas desde dentro, en lengua indígena: Tyterogata (Lanzarote), Erbania (Fuerteventura), Esero (Hierro, Benahoare (La Palma), Achineche, en su lengua, y Tenerife, en lengua de La Palma. Canaria y Gomera, siempre así, que sepamos. Esto es lo que dan, en serio, los textos más antiguos; después de ellos se ha escrito, entre nosotros, mucha lingüística... recreativa.

* CAPÍTULO VII DE LA OBRA 'LA LUZ LLEGA DEL ESTE' (COLECCIÓN MRA DEL GOBIERNO DE CANARIAS).

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