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Situación geográfica de Canarias

Mapa satélite de las Islas Canarias (pulsa imagen para ampliar)
Desde el aire y entre las nubes, las islas parecen surgir del mar, como un conglomerado de rocas volcánicas abruptas, de tonos rojizos, donde parecería que la vida en esos grandes peñascos rodeados de agua, sería imposible. Pero los turistas saben que están bien vivas, gracias a una florida y eficaz información facilitada por las agencias de viajes. Ya en la antigüedad, se decía que eran los restos de la legendaria y discutida Atlántida y de las noticias que dieron las tripulaciones que arribaron a las islas hace dos mil años, el griego Plutarco escribió: “Las llaman afortunadas, porque llueve poco y con moderación. Las brisas depositan un rocío tan bienhechor, que la tierra, siendo excelente para la agricultura, rinde por sí sola frutos sabrosísimos. Sus gentes, en medio de tal abundancia, pueden entregarse a una vida solazada. Las estaciones se suceden con pocas variaciones. El aire es siempre sano y agradable. Por eso todos, hasta los pueblos bárbaros, creen que estos son los Campos Elíseos, donde moran los bienaventurados”.

El calificativo de Afortunadas, se mantiene si echamos un vistazo a los mapas. El archipiélago de origen volcánico, está situado en el Océano Atlántico, al noroeste del continente africano, entre las latitudes 27º 37’ y 29º 25’ Norte y las longitudes 13º 20’ y 18º 10’ al Oeste de Greenwich.

Está a unos mil kilómetros de la costa peninsular más próxima y a unos cien kilómetros de Marruecos. La gran fosa que lo separa del continente africano, demuestra su independencia de origen respecto a la formación de la cordillera del Atlas. 

Ya desde antiguo, estas islas han sido consideradas como la región más occidental del mundo conocido. Como consecuencia de ello, la situación del primer Meridiano de Longitud fue fijado por la Nación Francesa, para sus cartas geográficas y derroteros, según Ordenanza de Luis XIII, en la isla del Hierro; pero las demás naciones de Europa que cursaban las navegaciones de ambas “Américas” lo fijaron en el “Pico Teyde de Tenerife” (Francisco Xibier Machado y Fiesco, cartógrafo, año 1762). Este Meridiano "O", fue oficialmente adoptado hasta finales del siglo XIX, momento en que se traslada el meridiano a Greerwich, en el suroeste de Londres.

En las islas occidentales (Tenerife, El Hierro, La Gomera y La Palma) encontramos una orografía más pronunciada y accidentada. No olvidemos que La Palma es una de las islas más montañosas del planeta. Las cumbres de estas islas, por lo general, superan los mil metros; el Roque de los Muchachos, en la pared de La Caldera de Taburiente, alcanza los 2.423 m. y el Teide constituye el pico más alto con sus 3.710 m.

Las islas orientales (Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura) son más extensas y su constitución orográfica ofrece mayor complejidad; además, están acompañadas por seis islotes: Alegranza, La Graciosa, Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Oeste o del Infierno e Isla de Lobos.

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En total el archipiélago canario tiene 7.351 Km². Climatológicamente, las islas occidentales, donde hay una preponderancia atlántica, son muy distintas de las orientales, donde es muy importante la influencia de los vientos secos procedentes del continente africano. De esta manera, Gran Canaria y Tenerife muestran una acentuada diferencia entre la vertiente atlántica, húmeda y la vertiente sur expuesta a los vientos africanos, muy árida y soleada, con escasas precipitaciones, condiciones éstas, determinantes para la construcción de los futuros aeropuertos.

Canarias de constituir en la antigüedad el difuso límite ominoso del mundo conocido, pasará a ser, con el paso del tiempo, un enclave geoestratégico, debido a su situación intercontinental entre América, Europa y Africa de gran importancia, desde el punto de vista militar y comercial.

Desde hace siglos, la vía de comunicación con el exterior será y sigue siéndolo, la vía marítima. Y si bien este medio de transporte había sufrido notables mejoras, la sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX, ansiaba el progreso y la velocidad, cuyo paradigma literario lo podríamos encontrar en la novela de Julio Verne: “La vuelta al mundo en 80 días”.

Canarias no era ajena a estos estímulos, pero las distancias seguían siendo las mismas; sólo se podía hacer una cosa: Reducir el tiempo invertido en cubrirlas, con barcos más rápidos y, sobre todo, con la aparición de un nuevo medio de transporte: EL AVIÓN.
Joaquin Lopez-Arceo


 
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