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Mirador de El Palmarejo, La Gomera


LA PALMA CANARIA: ORNAMENTO Y SEÑA DE IDENTIDAD DEL PAISAJE GOMERO

El paisaje gomero está por todas partes adornado por las bellas y esbeltas palmeras canarias (Phoenix canariensis), un endemismo del Archipiélago que dominó en el pasado la franja altitudinal ocupada por el bosque termófilo, entre los 300 y los 600 metros de altitud, compartiendo espacio con los dragos, sabinas, almácigos y acebuches. Aunque el ser humano redujo la superficie ocupada por la palmera de forma considerable, su enorme utilidad ha posibilitado su supervivencia. Su presencia es más notable en los valles que han hecho girar buena parte de su economía en torno a ella. Porque de la palma se aprovechaba todo: sus hojas y frutos servían para alimentar a los animales, y sus troncos para fabricar colmenas de abejas. 
De palma eran los sombreros que adornaban las cabezas de los campesinos, los cestos de carga, o las esteras. Hoy, con la agricultura y la ganadería perdiendo protagonismo en la economía insular, algunos de estos usos, que constituyen un valioso patrimonio, se conservan y difunden gracias a la labor de los artesanos de la Isla. La palmera proporciona, además, su preciada savia: el guarapo. En 1848, Pedro Agustín del Castillo nos dice lo siguiente acerca de su extracción: 

“Cortaban las palmas por los cogollos, y disponiéndoles el corte de suerte que destilaba en un odre que hacían de una piel de cabrío, recogían mucho, pues este árbol destila con abundancia hasta esquilmarse, y de él hacían vino, vinagre, miel, azúcar y dátiles”

El guarapo es la materia prima para la elaboración, mediante hervido, de la “miel de palma”, un líquido dulce que los gomeros consumían, sobre todo, acompañado de gofio, y que hoy se utiliza ampliamente en la gastronomía insular y canaria, conformando uno de sus más preciados manjares. Hoy, en la isla perviven aún alrededor de una treintena de guaraperos, de los que solo 8 comercializan el producto.


EL VALLE DE LAS PALMERAS

Valle Gran Rey sorprende por la gran cantidad de palmeras que otorgan personalidad a su paisaje. A la izquierda, un guarapero, encaramado al cogollo de la palma. A la derecha, los dátiles o támbaras (o también támaras) de la palmera canaria, poco carnosos como para satisfacer el consumo humano, pero utilizados ampliamente para dar de comer a los animales, en particular a los cerdos.

 


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